fecha: 24 de mayo del 2013
libro: el zarco
autor: ignacio manuel altamirano
Hernández
RESUMEN DEL LIBRO EL ZARCO.
I. Yautepec
Es un pueblo ubicado en la
carretera libre de Cuernavaca, rumbo a Tepoztlán. Las casas están decoradas con
colores chillantes y crecen durante todo el año, naranjos y limoneros.La población es tranquila, laboriosa, pacífica, sincera, sencilla y hospitalaria. En el aspecto político, dependen de Cuernavaca.
II. El Terror
Una noche de agosto de 1861,
la población se resguardaba temprano en sus casas por el terror que le tenían a
los bandidos, conocidos comúnmente como los plateados pues éstos realizaban
impunemente saqueos, matanzas, raptos, incendios y exterminios en los pueblos y
haciendas aledañas al sur del Estado de México. Yautepec no estaba exento
de dichos asaltos, así que de día colocaban vigías en las torres de las
iglesias para dar aviso a la población de la llegada y partida de bandoleros,
de esta forma, los habitantes de Yautepec tenían tiempo de esconderse en sus
casas y las iglesias. Pero esto de noche era imposible, así que estaban siempre
expuestos.La guardia civil no podía intervenir porque el país se encontraba en medio de una guerra civil, dejando así a los bandoleros actuar libremente. Este crimen fue introducido al país por el español Cobos, y los bandoleros eran conocidos como los plateados por su vestimenta
semejante a la del charro actual- cargada de adornos de plata.
III Las dos amigas
En un huerto en Yautepec,
vivían Manuela –joven de 20 años, tez pálida, ojos negros, cejas
aterciopeladas, cabello negro y con aspecto aristocrático- y Doña Antonia
–madre de Manuela, anciana de buenas costumbres y honrada. Esta última tenía
una ahijada más o menos de la misma edad que Manuela, Pilar –joven morena
criolla que denuncia a la hija humilde del pueblo y con carácter opuesto a
Manuela- que era huérfana pero Doña Antonia se había encargado de cuidarla
desde pequeña.En el jardín Pilar y Manuela tejían guirnaldas de rosas y azahares cuando Doña Antonia le reprochó a su hija el rechazo que le tiene a Nicolás, un muchacho del pueblo y herrero de la hacienda de Atlihuayan, que desea casarse con ella. Manuela sólo siente repulsión y descontento por el herrero, lo considera un indio horrible y molesta a Pilar porque comprende que ella sí está enamorada de Nicolás.
Doña Antonia trata de convencer a su hija de las ventajas de casarse con Nicolás, pues es un hombre honrado y bueno, que además protegería a Manuela de los plateados y la llevaría lejos de los peligros de Yautepec. No obstante estos argumentos no son válidos para Manuela, quien sólo reafirma su rechazo y repulsión hacia el herrero que la ha cortejado desde un tiempo atrás. De pronto, llaman a la puerta y Pilar avisa que Nicolás acaba de llegar.
VI Nicolás
Nicolás era un joven
trigueño, con el tipo indígena bien marcado pero de cuerpo alto y esbelto, de
formas hercúleas, con ojos negros y dulces, nariz aguileña, boca grande, fuerte
y varonil. Intentaba diferenciarse de los demás por su modo de vestir y
visitaba todos los días a Doña Antonia y Manuelita.
En la hacienda donde trabaja Nicolás, todos los hombres se han unido para protegerla y han expulsado a los informantes y cómplices de los bandidos.
Este día en particular, le informó a Doña Antonia que vendría a Yautepec una guardia del gobierno porque los bandidos habían asesinado una familia rica y extranjera en la carretera rumbo a Acapulco. La guardia llegaría primero a Cuernavaca para buscar a los bandidos, pero Nicolás creía que no los capturarían, pues los plateados andan en grandes grupos de más de 100 y están muy bien equipados y armados, no como el ejército, quienes parecían pordioseros. Doña Antonia se alegró mucho al oir estas noticias, pues era su oportunidad de marcharse definitivamente a México con Manuelita y sin correr el riesgo de ser asaltadas en el camino.
V El ZarcoEn la hacienda donde trabaja Nicolás, todos los hombres se han unido para protegerla y han expulsado a los informantes y cómplices de los bandidos.
Este día en particular, le informó a Doña Antonia que vendría a Yautepec una guardia del gobierno porque los bandidos habían asesinado una familia rica y extranjera en la carretera rumbo a Acapulco. La guardia llegaría primero a Cuernavaca para buscar a los bandidos, pero Nicolás creía que no los capturarían, pues los plateados andan en grandes grupos de más de 100 y están muy bien equipados y armados, no como el ejército, quienes parecían pordioseros. Doña Antonia se alegró mucho al oir estas noticias, pues era su oportunidad de marcharse definitivamente a México con Manuelita y sin correr el riesgo de ser asaltadas en el camino.
Mientras esto acontecía, al caer la noche, cerca de la hacienda de Atlihuayan, había un hombre joven de 30 años, alto, bien proporcionado, de espaldas hercúleas y cubierto literalmente de plata, temido y conocido por la gente como El Zarco por el verdor de sus ojos. Se dirigía a Yautepec y cuando vio a lo lejos a Nicolás pensó en que ya tendría él su merecido, pero por lo pronto iba a visitar, clandestinamente, a su amada en el huerto de Doña Antonia. Al acercarse a la barda del huerto hizo llamar a Manuelita, quien con una dulce y amorosa voz respondió a su llamado y se asomó por una escalinata en el huerto.
VI La Entrevista
El Zarco visitaba, algunas
noches, a Manuelita, con quien mantenía cortejo y le regalaba joyas y dinero.
Nadie en el pueblo sospechaba de la relación entre estos dos, pues nadie se
atrevía ni a asomarse por la noche por temor a los plateados. No obstante, se
rumoraba que en noches de lluvia, aparecían marcas de caballo al lado de la
barda del huerto, pero Doña Antonia, nunca se enteró de dichos rumores.Manuela alertó al Zarco sobre la llegada de la guardia militar y sobre la partida a México que planea su madre para los próximos días. Cegada por el amor y la codicia, le pide al Zarco que la rescate cuando esté en la carretera con la guardia y su madre, pero el Zarco sabe que esta maniobra es peligrosa y sus compañeros no se arriesgan tan fácilmente si no hay ganancias de por medio. Por tanto, deciden que Manuela se fugará con él la próxima noche y tendrá que abandonar a su madre y su vida tranquila. Manuela le promete a su amado que se adaptará a las circunstancias que se presenten. Concuerdan que el Zarco la recogerá a la media noche y Manuela deberá empacar poca ropa, las joyas y el dinero que le ha regalado. Así mismo, antes de marcharse a Xochimancas, la madriguera de los bandidos, le entrega a Mnauela un cofre con varias joyas.
VII
A un costado de
Manuela ocultó sus regalos en la bolsa de cuero, volvió a enterrar su tesoro y se fue a dormir.
VIII Quién era el Zarco
El Zarco era hijo de honrados
padres que deseaban inculcarle buenos valores y amor al trabajo, pero él era de
carácter rebelde y holgazán por naturaleza y pronto se hartó de las múltiples
tareas que debía cumplir y de la escuela. Se fue de su casa muy joven y vivió
por diversos periodos en haciendas donde cuidaba caballos. Tampoco era muy
querido en su trabajo porque era holgazán, con cierta codicia, no amaba a nadie
y envidiaba a los demás.Era un joven de buena figura, de color blanco impuro, ojos color azul claro, de cabello rubio pálido y cuerpo esbelto y vigoroso.
Por fin, cansado de aquella vida de servidumbre, el Zarco huyó con unos cuantos caballos para venderlos y se juntó con una nube de bandidos.
Por su carácter despiadado y su insaciable sed de rapiña, pronto se convirtió en jefe de bandas. Fue entonces cuando este temido personaje conoció a Manuela en Cuernavaca durante una época en la que el gobierno y los bandidos se unieron para luchar en la guerra civil. A Manuela le causó una fuerte impresión aquel hombre vigoroso y guapo, montado en su caballo grande y desfilando frente a su ventana. Estaba corrompida y fascinada por lo que el Zarco representaba.
Esta unión militar no duró mucho tiempo, pues el gobierno se desprestigió por andar con una partida de bandidos y comenzaron a perseguirlos y colgarlos para restaurar su imagen. El Zarco logró escapar a Puebla, en donde continuó con sus actividades ilegales. También eran famosas las crueles venganzas que el Zarco empeñaba contra los dueños de las haciendas donde había trabajado.
XI El Búho
En su camino rumbo a
Xochimancas el Zarco meditaba sobre su futuro. Deseaba a Manuela porque era la
más rica y hermosa de Yautepec, por su propia vanidad, más no la amaba. Pensaba
que al casarse con ella rompería con su estatus vanidoso entre sus amigos
bandidos: podía tener una querida como ella, más no casarse. Tampoco le atraía
dejar la vida que llevaba, a pesar de que podía vender la mercancía robada y
comprarse un rancho, pero al Zarco no le gustaba trabajar y algún día lo
encarcelarían por sus fechorías pasadas. De pronto un tecolote cantó cuando el
Zarco pasaba debajo de un árbol y en su mente supersticiosa sucumbió el temor
por el canto que todas las noches se repetía cuando éste pasaba por el mismo
lugar.X La fuga
Al día siguiente, Nicolás
visitó a Doña Antonia para informarle que la tropa arribaría a Yautepec al día
siguiente por la mañana y estaría muy poco tiempo en el pueblo. Doña Antonio le
pidió que vendiera su huerto y que fuera a visitarlas a México. Entre tanto,
Manuela dormitaba en su cuarto porque debía guardar fuerzas para su fuga
nocturna y su madre pensaba que ella estaba enferma.
Doña Antonia estaba preocupada por el extraño comportamiento de su hija desde un tiempo atrás, era mucho más dura, no hacía sus rezos y siempre estaba inconforme. Todo ello lo atribuía a su encierro para protegerla de los bandidos y estaba segura que en México cambiarían las cosas. También se lamentaba de que no amara a Nicolás, quien ya estaba resignado al desprecio de Manuelita.
Antes de marcharse, Nicolás prometió ayudar a Doña Antonia en lo que le pedía, pues le tenía gran estima.
Por la noche, Doña Antonia trató de conciliar el sueño, pero una fuerte tormenta se desató a la hora que Manuela debía alistarse y se sintió invadida por pesadumbre y malos presentimientos. Por su parte, Manuela, como toda mujer enamorada, no prestó cuidado al mal clima y tuvo la motivación para salir al jardín descalza en medio de una lluvia torrencial, desenterrar su tesoro y esperar a su amado.
El Zarco llegó al huerto con unos amigos, subió a Manuela al caballo y se fugaron de Yautepec.
XI AntoniaDoña Antonia estaba preocupada por el extraño comportamiento de su hija desde un tiempo atrás, era mucho más dura, no hacía sus rezos y siempre estaba inconforme. Todo ello lo atribuía a su encierro para protegerla de los bandidos y estaba segura que en México cambiarían las cosas. También se lamentaba de que no amara a Nicolás, quien ya estaba resignado al desprecio de Manuelita.
Antes de marcharse, Nicolás prometió ayudar a Doña Antonia en lo que le pedía, pues le tenía gran estima.
Por la noche, Doña Antonia trató de conciliar el sueño, pero una fuerte tormenta se desató a la hora que Manuela debía alistarse y se sintió invadida por pesadumbre y malos presentimientos. Por su parte, Manuela, como toda mujer enamorada, no prestó cuidado al mal clima y tuvo la motivación para salir al jardín descalza en medio de una lluvia torrencial, desenterrar su tesoro y esperar a su amado.
El Zarco llegó al huerto con unos amigos, subió a Manuela al caballo y se fugaron de Yautepec.
Doña Antonia pasó muy mala noche, no podía dormir y a media noche escuchó rumores, pero los atribuía a su imaginación y a la fuerte tormenta y no deseaba salir a revisar para no molestar a su pobre hija.
A la mañana siguiente, fue al cuarto de Manuela y al no encontrarla allí, salió al jardín a buscarla. Todo estaba mojado y había mucha maleza. Doña Antonia no imaginaba lo que le esperaba, por el contrario, pensaba en la insensatez de Manuela al salir tan temprano al huerto empapado. Una serie de pequeñas huellas de pies descalzos la guiaron hasta la barda por donde salió Manuelita. Allí se encontró con las huellas de varios caballos y entonces comprendió que algo terrible había pasado. Salió a buscar a Pilar y a sus tíos para que le ayudaran a encontrar a su hija, y al ver todos las evidencias, concluyeron que Manuela se había fugado con alguien. Ahora el misterio era descifrar quién era su enamorado.
XII La Carta
Mientras observaban en el jardín las dejadas por Manuela, un joven llegó a casa de Doña Antonia con una carta de Manuela, la cual le entregaron unos bandidos en la carretera. La carta era de Manuela para su madre, en donde decía que se fugaba con un hombre que la hacía feliz y que cualquier esfuerzo por encontrarla, era inútil. Doña Antonia estaba desecha y mortificada por la carta y por un momento dudó de Nicolás, pero tanto Pilar como sus tíos dijeron inmediatamente que esto era imposible y Doña Antonia se sintió culpable por dudar de la honradez y bondad de Nicolás. Al poco rato, este llegó a casa de Doña Antonia porque había escuchado ciertos rumores sobre una joven muy hermosa cabalgando con el Zarco y los plateados. Al leer la carta de Manuela comprendió que ella se había fugado con el Zarco y en verdad era inútil rescatarla, porque ella se había ido por su propia voluntad.
Doña Antonia se sentía enojada y humillada porque su hija se había fugado con la escoria de la sociedad, nada menos que un miserable asesino y bandido plateado.
XIV.-Pilar
La pobre Pilar había ocultado durante todo este tiempo su amor por Nicolás, el cual se manifestó sin mayor timidez o cuidado en cuanto se enteró de que éste fue tomado prisionero.
Después de que Doña Antonia cayó en cama con fiebre, Pilar buscó al prefecto para rogarle que cuidaran a Nicolás e impidieran que los militares cometiesen alguna arbitrariedad. Como Nicolás era un muchacho querido por el pueblo por su honradez y sencillez, prometieron estar en todo momento con él.
Pilar fue a buscar a Nicolás al lugar donde lo tenían apartado, pues tuvieron que improvisar una cárcel inexistente. El militar que lo cuidaba no permitió que Pilar pasara y la amenazó si no se marchaba, pero ella clamó que no le importaban que la mataran, mientras no lastimaran a Nicolás. Éste se percató de lo que Pilar le decía la militar y comprendió el profundo y puro amor que ella sentía por él. Todo este tiempo se había preocupado por ganarse el amor de la ingrata de Manuela, recibiendo a cambio el peor desprecio, mientras que la honrada y pura de Pilar siempre mantuvo su amor por él en un dulce y discreto secreto. A partir de ese momento, comenzó a nacer un enorme amor por Pilar; la veía como un ángel que él no podía merecer y lo único que deseaba era salir de esa difícil situación para estar a su lado.
El comandante regresó un poco borracho y levantó el campamento. Se llevaron a Nicolás y al llegar a las afueras de Yautepec se encontraron con una grande comitiva conformada por el prefecto, los regidores, el administrador de Atlihuayan, de sus dependientes y de otros particulares muy bien armados, bloqueando el camino para acompañar al comandante y al ejército hasta donde llevasen a Nicolás y cerciorarse de que nada malo le ocurriese hasta que éste fuera declarado culpable por un crimen inexistente.
El comandante no tuvo más alternativa que continuar su camino con dichos acompañantes y al llegar a Cuernavaca, acusó a Nicolás de hombre peligroso para la tranquilidad pública pero el prefecto de Yautepec y el Ayuntamiento, así como las autoridades de Cuautla se dirigieron al Gobierno Estatal y al Gobierno Federal y tras numerosos oficios e informes, al tercer día de la aprensión de Nicolás, el comandante recibió la orden de ponerlo en libertad y regresar a México para explicar sus actos.
XV El Amor Bueno
La pobre Pilar había ocultado durante todo este tiempo su amor por Nicolás, el cual se manifestó sin mayor timidez o cuidado en cuanto se enteró de que éste fue tomado prisionero.
Después de que Doña Antonia cayó en cama con fiebre, Pilar buscó al prefecto para rogarle que cuidaran a Nicolás e impidieran que los militares cometiesen alguna arbitrariedad. Como Nicolás era un muchacho querido por el pueblo por su honradez y sencillez, prometieron estar en todo momento con él.
Pilar fue a buscar a Nicolás al lugar donde lo tenían apartado, pues tuvieron que improvisar una cárcel inexistente. El militar que lo cuidaba no permitió que Pilar pasara y la amenazó si no se marchaba, pero ella clamó que no le importaban que la mataran, mientras no lastimaran a Nicolás. Éste se percató de lo que Pilar le decía la militar y comprendió el profundo y puro amor que ella sentía por él. Todo este tiempo se había preocupado por ganarse el amor de la ingrata de Manuela, recibiendo a cambio el peor desprecio, mientras que la honrada y pura de Pilar siempre mantuvo su amor por él en un dulce y discreto secreto. A partir de ese momento, comenzó a nacer un enorme amor por Pilar; la veía como un ángel que él no podía merecer y lo único que deseaba era salir de esa difícil situación para estar a su lado.
El comandante regresó un poco borracho y levantó el campamento. Se llevaron a Nicolás y al llegar a las afueras de Yautepec se encontraron con una grande comitiva conformada por el prefecto, los regidores, el administrador de Atlihuayan, de sus dependientes y de otros particulares muy bien armados, bloqueando el camino para acompañar al comandante y al ejército hasta donde llevasen a Nicolás y cerciorarse de que nada malo le ocurriese hasta que éste fuera declarado culpable por un crimen inexistente.
El comandante no tuvo más alternativa que continuar su camino con dichos acompañantes y al llegar a Cuernavaca, acusó a Nicolás de hombre peligroso para la tranquilidad pública pero el prefecto de Yautepec y el Ayuntamiento, así como las autoridades de Cuautla se dirigieron al Gobierno Estatal y al Gobierno Federal y tras numerosos oficios e informes, al tercer día de la aprensión de Nicolás, el comandante recibió la orden de ponerlo en libertad y regresar a México para explicar sus actos.
XV El Amor Bueno
Desde su salida de Yautepec,
Nicolás no había hecho más que pensar en Pilar y Doña Antonia. Estaba seguro de
que Pilar estaba cuidando de la salud de Doña Antonia, pues era tan buena como
un ángel. Nicolás se sentía afortunado de no haberse comprometido con Manuela
(un demonio que sólo sentía desprecio y repugnancia por él) y por haber
descubierto un dulce, tierno y buen amor por Pilar, quien ante sus ojos, era
demasiado buena para él y le proclamaba admiración y respeto.
XVI Un Ángel
Tras ser liberado, Nicolás
fue a casa de Doña Antonia y se encontró con Pilar, a quien le manifestó su
amor, mucho más puro, verdadero y grande que el que llegó a sentir por Manuela.
Pilar también confiesa que lo ama pero antes deben de preocuparse por la salud
de Doña Antonia, quien se encuentra muy grave abatida por la fiebre y la
desgracia y los doctores advirtieron que no tiene remedio. Nicolás siente una
profunda tristeza y pesadumbre por la noticia.
XVII La Agonía
Nicolás entró al cuarto de
Doña Antonia y esta se alegró mucho de verle. Al caer la noche, Doña Antonia
falleció. Para Pilar fue un golpe muy fuerte, pues Doña Antonia había sido su
segunda madre y protectora. Los bienes de Doña Antonia pasaron al estado y
Nicolás le propuso matrimonio a Pilar para celebrar la boda en cuanto termine su
luto.La vida en Yautepec regresó a la normalidad y todas las tardes Nicolás visitaba a Pilar.
XVIII Entre los bandidos
Durante la época en que los
bandidos eran dueños impunes de La noche de la fuga, los bandidos y Manuela se refugiaron en una cabaña en Atlihuayan. fue allí donde Manuela escribió la carta para su madre.
Al día siguiente, poco antes de mediodía, arribaron a las ruinas de Xochimancas, la madriguera de los plateados.
La realidad era muy distinta a lo que Manuela se había imaginado, había muchos hombres groseros y embriagados, que al ver a la muchacha entrar, comenzaron a hacerle piropos. El Zarco no frenaba a sus compañeros y Manuela se sentía intimidada y humillada por el comportamiento de su amado, no estaba acostumbrada a ver semejantes escenarios y pensó que Nicolás, aquel indio al que tanto despreció, la hubiera defendido al instante de esos truhanes. En ese instante, surgió el gusano del desprecio por el Zarco en el corazón de Manuela.
Todos los bandidos estaban bien armados, con modales cínicos y brutales. El lugar era sucio y con olor a comida pesada y orines, era el hogar de todos los bandidos y sus mujerzuelas desarrapadas y sucias, encargadas de cocinar.
El Zarco dejó a Manuelita en un rincón, diciéndole que, por ahora, esto era lo único que podía ofrecerle, pero algún día mejoraría su situación. La joven se sintió aterrada y desamparada al escuchar las voces agudas de las mujeres, las risotadas y blasfemias de los bandidos ebrios y al aspirar aquella atmósfera pesada, pestilente como la de una cárcel; no pudo menos que pensar en el terrible error que había cometido.
XIX Xochimancas
De 1861 a 1862, Xochimancas
sirvió de cuartel general de los temibles plateados. Era una hacienda en
ruinas, una finca de campo con buenos terrenos propios para el cultivo de la
caña de azúcar o del maíz. Al parecer, perteneció a los españoles durante la
colonia. Xochimancas era una hacienda de la Municipalidad de Tlaltizapan
en el Distrito de Cuernavaca. En la tradición azteca se conocía al xochimanqui
(de donde proviene el nombre de la hacienda) como el encargado del cultivo de
flores. Por tanto, este lugar fue un jardín lleno de huertos y flores en la
antigüedad azteca.
Después de la conquista, Xochimancas se transformó, de ciudad de jardines en hacienda, posteriormente en ruinas y guarida de fieras y reptiles y finalmente en madriguera de ladrones.
Después de la conquista, Xochimancas se transformó, de ciudad de jardines en hacienda, posteriormente en ruinas y guarida de fieras y reptiles y finalmente en madriguera de ladrones.
XX El primer día
Manuela estaba habituada a su
vida sencilla, educada y honrada. Como estaba enamorada del joven bandido,
había poetizado aquella vida de aventuras clandestinas, pero la realidad era
mucho más dura y solitaria de lo que ella podría haberse imaginado, estaba en
una cárcel al lado de mujeres ebrias y haraposas, bandidos osados que no
respetaban a las queridas de sus compañeros. Quizá esto último era lo que más
le molestaba del Zarco por su actitud pasiva y tolerante. Manuela estaba llena
de remordimientos, especialmente al recordar a su pobre anciana madre, a quien
habría enfermado por su mal sano amor.
Manuela se percató de la dura realidad, pese a los constantes cuidados de su amado, quien ordenó a las mujeres que la cuidaran y entretuvieran y le regaló todos sus tesoros.
Los bandidos temían que el rapto de Mnauelita pusiera en peligro su seguridad, así que redoblaron las guardias durante la noche. No obstante, como es bien sabido, la cobardía del comandante impidió que Nicolás, temido por los bandidos por su resolución, bravura y valentía, fuese a buscar a Manuela en Xochimancas.
Manuela se percató de la dura realidad, pese a los constantes cuidados de su amado, quien ordenó a las mujeres que la cuidaran y entretuvieran y le regaló todos sus tesoros.
Los bandidos temían que el rapto de Mnauelita pusiera en peligro su seguridad, así que redoblaron las guardias durante la noche. No obstante, como es bien sabido, la cobardía del comandante impidió que Nicolás, temido por los bandidos por su resolución, bravura y valentía, fuese a buscar a Manuela en Xochimancas.
XXI La Orgía
Manuela no tuvo más remedio
que familiarizarse a la vida que había escogido. Entabló amistad con una mujer
que también provenía de Yautepec y conocía bien a su gente, en especial a
Nicolás. Esta mujer le dijo a Maneula que había cometido un grave error al
escoger al Zarco, pues Nicolás la hubiera cuidado y amado bien, mientras que el
Zarco era de mal genio y podría incluso golpearla algún día si no cambiaba su
actitud apática, despreciativa y triste. Todas estas razones entraron en la
mente de Manuela, y el Zarco se desvirtuaba completamente mientras que nacía un
enorme amor por aquel indio al que tanto habría despreciado. No obstante el
recuerdo de Pilar y el amor oculto que sentía por Nicolás, atormentaban la
mente de Manuela.
Una tarde, el Zarco le entregó a Manuela100 onzas de oro por el
secuestro de un francés. Ella, en lugar de sentir emoción, las observó con
horror y le rogó al Zarco que pusiera al hombre en libertad. Éste se negó
rotundamente y se enfadó con ella porque siempre despreciaba a sus amigos,
constantemente era infeliz y ella le había prometido que se adaptaría a esta
vida. El Zarco dijo que todo lo que robaba lo hacía por ella con tal de
que en un futuro pudieran irse a Zacatecas, donde nadie lo conocía, para
establecerse y vivir como gente honrada. Un par de bandidos embriagados
interrumpieron la discusión y anunciaron que comenzaría el baile y deseaban
bailar con su mujer. El Zarco le advirtió a Manuela que debía bailar con sus
amigos y dejar de despreciarlos, o de lo contrario se enfadaría mucho.
Mientras se preparaba para el baile, Manuela hizo llamar a su confidente para preguntarle acerca del francés. Ella le dijo que el Zarco la podría llevar al sótano en donde se encuentran los demás rehenes. Así lo hizo y al ver a los hombres secuestrados, en calidad de cadáveres, Manuela se horrorizó e insistió en que los dejaran ir, pero el Zarco se enfadó más y le dijo que ella sabía que él era un bandido y que si hubiera preferido la honestidad, se hubiera casado con Nicolás.
El baile comenzó y el Tigre, uno de los líderes, abrazó fuertemente a Manuela y le dijo que estaba enamorado de ella y estaría dispuesto a matar al Zarco para que ella se quedase con él. Manuela se espantó mucho y se fue a sentar. El Zarco, más enfadado que nunca, riñó con Manuela porque una de las mujeres le dijo que ella no estaba contenta con su decisión, era desdichada y quería a Nicolás. Antes de que pudiera tomar represalias en contra de Manuela, un grupo de bandidos irrumpió para avisar que Miguel Sánchez había atrapado algunos bandidos y los había colgado y que la madre de Manuela acababa de ser enterrada. Manuela sintió una gran pena y se soltó a llorar desconsoladamente. No obstante, tenían que empacar para huir de Xochimancas.
Una tarde, el Zarco le entregó a Manuela
Mientras se preparaba para el baile, Manuela hizo llamar a su confidente para preguntarle acerca del francés. Ella le dijo que el Zarco la podría llevar al sótano en donde se encuentran los demás rehenes. Así lo hizo y al ver a los hombres secuestrados, en calidad de cadáveres, Manuela se horrorizó e insistió en que los dejaran ir, pero el Zarco se enfadó más y le dijo que ella sabía que él era un bandido y que si hubiera preferido la honestidad, se hubiera casado con Nicolás.
El baile comenzó y el Tigre, uno de los líderes, abrazó fuertemente a Manuela y le dijo que estaba enamorado de ella y estaría dispuesto a matar al Zarco para que ella se quedase con él. Manuela se espantó mucho y se fue a sentar. El Zarco, más enfadado que nunca, riñó con Manuela porque una de las mujeres le dijo que ella no estaba contenta con su decisión, era desdichada y quería a Nicolás. Antes de que pudiera tomar represalias en contra de Manuela, un grupo de bandidos irrumpió para avisar que Miguel Sánchez había atrapado algunos bandidos y los había colgado y que la madre de Manuela acababa de ser enterrada. Manuela sintió una gran pena y se soltó a llorar desconsoladamente. No obstante, tenían que empacar para huir de Xochimancas.
XXII Martín Sánchez Chagollán
Martín Sánchez era un hombre
de 50 años, estatura pequeña, cabeza redonda, de ojos verdosos y vivos,, nariz
aguileña, cara morena, boca delgada y labios fruncidos. No era un hombre
desconocido en Xochimancas, pues tiempo atrás, los Plateados fueron a su rancho
para saquearlo y asesinaron a su padre anciano y a uno de sus hijos cuando él
se encontraba en México con su esposa. La mujer de Martín estuvo enloquecida
por el dolor y el miedo al encontrar un rancho en cenizas y lleno de cadáveres.
Martín Sánchez llevó a su familia al pueblo Ayacapixtla, donde esperaban estar más seguros. Entonces vendió lo poco que le quedaba y con el dinero, compró armas y caballos, juntó un grupo de gente que también estaba cansada de los plateados y los equipó. El prefecto de Morelos le ofreció los auxilios que estaban en su poder y lo autorizó para perseguir ladrones en calidad de jefe de seguridad pública, siempre y cuando los entregara al Gobierno para aplicar la justicia.
Así fue como, huyendo y caminando de noche, pagando emisarios y realizando jornadas fabulosas, poco a poco fue derrotando algunas partidas de bandoleros y proveyéndose de armas, municiones y caballos.
Martín Sánchez fue un personaje histórico que ayudó, en gran medida, a capturar a los bandidos del Sur del Estado de México; asimismo, se convirtió en el representante del pueblo honrado y desamparado, rústico y feroz, también implacable. Era la indignación social hecha hombre.
Martín Sánchez llevó a su familia al pueblo Ayacapixtla, donde esperaban estar más seguros. Entonces vendió lo poco que le quedaba y con el dinero, compró armas y caballos, juntó un grupo de gente que también estaba cansada de los plateados y los equipó. El prefecto de Morelos le ofreció los auxilios que estaban en su poder y lo autorizó para perseguir ladrones en calidad de jefe de seguridad pública, siempre y cuando los entregara al Gobierno para aplicar la justicia.
Así fue como, huyendo y caminando de noche, pagando emisarios y realizando jornadas fabulosas, poco a poco fue derrotando algunas partidas de bandoleros y proveyéndose de armas, municiones y caballos.
Martín Sánchez fue un personaje histórico que ayudó, en gran medida, a capturar a los bandidos del Sur del Estado de México; asimismo, se convirtió en el representante del pueblo honrado y desamparado, rústico y feroz, también implacable. Era la indignación social hecha hombre.
XXIII El asalto
Martín a la cabeza caía sobre los bandidos que lo recibieron con una lluvia de balas. Los jinetes negros hacían prodigios de valor mismo que su jefe. No obstante, Martín fue herido y de pronto un socorro inesperado, encabezado por Nicolás y 20 hombres más, vino a salvarlo. El Zarco y el Tigre rodearon a Martín, pero al ver a Nicolás retrocedieron e intentaron huir, sin embargo Nicolás alcanzó al Zarco cuando éste se acercó al grupo de mujeres de los bandidos a caballo, y de un sablazo, le abrió la cabeza, dejándolo tendido en el suelo del bosque. Manuela gritó, pero Nicolás no la escuchó y ésta se quedó tendida al lado del Zarco, pues si regresaba con el grupo de mujeres y los bandidos, sería presa fácil del Tigre.
La pelea duró poco, pues los bandidos huyeron despavoridos dejando libre el cargamento. Entre tanto, los soldados que buscaban más bandidos encontraron a Manuela y al Zarco. Martín Sánchez se estremeció de gozo al saber que el Zarco estaba en sus manos. Iba a colgarlo tan pronto amaneciera, pero a la madrugada llegó la autoridad de Morelos con la fuerza y las camillas. Martín tuvo que entregar a los bandidos prisioneros y heridos junto con Manuela, quien se cubrió el rostro con el rebozo por la vergüenza que sentía. Así marcharon a Morelos, Martín y sus soldados, para curarse de sus graves heridas, y Nicolás a Yautepec, para preparar su matrimonio.
XXIV El Presidente Juárez
Martín Sánchez estaba
indignado porque los bandidos salieron libres y seguían embistiendo
impunemente. Pues eran protegidos por emisarios y gobernantes corruptos que
aceptaban sobornos.
El Zarco se recuperó de sus heridas y cuando iban a trasladarlo a Cuernavaca, la comitiva fue asaltada por los plateados.
Martín Sánchez tomó la resolución de hablar con el Presidente para obtener las facultades de fusilar a los bandidos.
En aquella época, pese al triunfo dela Guerra de Reforma, la lucha continuaba contra
miles de adversarios y peligros, como la Independencia Nacional.
Juárez se hallaba entre los días de mayor conflicto, sin embargo el presidente
escuchó con atención a Martín, quien le dio un informe detallado, denunció
algunos empleados del gobierno que estaban en complicidad con el Zarco y su
grupo, solicitó 100 armas y pidió que le diera la facultad legal para colgar a
todos los bandidos y hacer verdadera justicia. Juárez accedió, siempre y cuando
los fusilamientos se hicieran con justicia. Era la ley de la salud pública armando
a la honradez con el rayo de la muerte.
El Zarco se recuperó de sus heridas y cuando iban a trasladarlo a Cuernavaca, la comitiva fue asaltada por los plateados.
Martín Sánchez tomó la resolución de hablar con el Presidente para obtener las facultades de fusilar a los bandidos.
En aquella época, pese al triunfo de
XXV El albazo
Pocos días después de la entrevista, Nicolás y Pilar festejaron su matrimonio. Al efecto, se dispuso una cabalgata que debía de servir de cortejo al guayín, con los esposos, el cura y los amigos. Pero poco antes de llegar al lugar donde cantaba al búho cuando pasaba el Zarco, fueron interceptados por Martín Sánchez y sus soldados. Martín no deseaba faltarle el respeto a Nicolás, pero acababan de atrapar al Zarco y al Tigre, que venían a raptar a Pilar y cobrar venganza contra Nicolás el día de su boda. De pronto Manuela se abrió paso entre las filas del jinete y le rogó a Nicolás y Pilar que no mataran al Zarco, éste pidió que no lo hicieran, pero Martín estaba resuelto. Pilar entró en llanto y la pareja intentó llevarse a Manuela, pero ella prefirió quedarse a morir con el Zarco.
Pilar y Nicolás continuaron su cortejo y Martín Sánchez se disponía a matar al Zarco y al Tigre. Éste último estaba desconcertado porque había delatado el plan, pero Martín no se compadeció y colgó al Zarco del árbol donde se postraba el búho de mal agüero. Manuela pareció despertar de un sueño, se levantó y sin ver el cadáver de su amante soltó un grito y cayó al suelo. Dos soldados fueron a levantarla, pero al ver que arrojaba sangre de su boca y su cuerpo estaba rígido, supieron que ya estaba muerta.